Como diría Isabel Allende " por culpa de un desliz, o del azar cualquier mujer puede transformarse en madre, pero lo que no tenemos en cuenta es que Dios nos ha dotado ( sin preguntarnos) de una fuerza indestructible llamada "instinto maternal", debido a ella, esa criaturita, gritona, enana, arrugada nos parece la cosa más bella y adorable del mundo y sin más nos disponemos a cuidarla hasta que cumpla mucho mas que los 18 años, su mayoría de edad.
Ser madre va mucho más allá de cambiar pañales, y sonar narices velar noches enteras, servir de niñera, cocinera, doctora, policía, profesora, lavandera, chofer, confesora y arbitro. Es ejercer la vocación a tiempo completo, sin descanso, vacaciones, ni sueldo fijo, es saberse de memoria y casi como un mantra frases como: lavense los dientes, apaguen las luces, acuestense temprano, tomense la leche, para, sin darnos cuenta cambiarlas a: manejen con cuidado, no llegues demasiado tarde, no bebas, sé responsable.
Ser madre es no poder dormir hasta que el hijo llega a casa y cuando sientes la cerradura, cerrar los ojos y hacerte la dormida, es llorar de emoción al verlos felices y contentos, y apretar los puños y los dientes pero esbozando una sonrisa cuando los ves sufrir pues tenemos que entregarles la fuerza para superar el escollo.
El peor defecto que tienen las madres es que mueren antes de que alcancemos a dimensionar la grandeza de su misión y de su amor a toda prueba, y quedamos como llegamos, llorando, desvalidos e irremisiblemente huérfanos. Por suerte Madre hay una sola, porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces...














